martes, 28 de junio de 2011

Reescritura, metrificación, adaptación de un texto a canción

Leonidas Lamborghini
de El solicitante descolocado
:

Me detengo un momento
por averiguación de antecedentes
trato de solucionar importantísimos
problemas de estado;
vena mía poética susúrrame contracto
planteo, combinación
y remate.

En vez
tú no tienes voz propia
ni virtud
dijo
y escribes sólo para
yo quise decirle mentira mentira
para purificarme

La pista se rodea
de todas las especies, de todos los órdenes
y clases
sobre todo de público
en la primera fila van
los relegados.

Siempre algún gobernante
algún guerrero ilustre, algún
funcionario aventajado
da el puntapié inicial
entonces entro yo
entrando por el aro.

Tome asiento
nadie debe perderse
un espectáculo
abro mi risa negra
a función continuada.

Y a la bartola
haciendo de las mías
en el país del tuerto
es rey.

De Las patas en las fuentes:

“y a otros más veo
y escuchan la radio tus noches Atenas
mientras juegan
a las cartas

“y entonces vienen
golpean
los libertadores”
sencillamente me contaron

“y aquí está ya el camión
y allí nos meten
sencillamente
no sabemos hacia adónde”

“o sí
sólo que es la noche
pero ahora ya sabemos que aquella
fue la NOCHE
pero no la de Atenas
y fuimos llevados”

“y caímos
adentro
en el basural
y también ahora sí
sabemos
que alguno se salvó
para contarlo

-tus noches Atenas tus noches Atenas-

“por eso estamos vivos”
sencillamente
me contaron.”

Pág 61-62.

“En el basural
éste es el lugar
de las maravillas
donde casi ninguno
se salvó
de que lo liberaran

di tres pasos
hacia los libertadores
y eran
los opresores”

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Juan L Ortiz:

ELLA

Ella anuda hilos entre los hombres
y lleva de aquí para allá la mariposa profunda
ala del paisaje y del alma de un país, con su polen...

Ella hace sensible el clima de los días, con su color y su perfume...
a su pesar, muchas veces, como bajo un destino.
Testimonio involuntario, ella,
de un cierto estado de espíritu, de un cierto estado de las cosas,
en que la circunstancia da su hálito...

Pero se dirige siempre a un testigo invisible,
jugando naturalmente con la tierra y el ángel,
el infinito a su lado y el presente en el confín...

Más es el don absoluto, y la ternura,
ella que es también el término supremo y la última esencia
con las melodías de los sentidos y los símbolos y las visiones
y los latidos
para el encuentro en los abismos... Mas tiene cargo de almas,
y es la comunicación,
el traspasado ser, "como se da una flor", en el nivel de los niños,
más allá de sí misma, en el olvido puro de ella misma...

Y no busca nunca, no, ella...
espera, espera, toda desnuda, con la lámpara en la mano,
en el centro mismo de la noche

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Oliverio Girondo

Alta noche

De vértices quemados
de subsueño de cauces de preausencia de huracanados rostros que trasmigran
de complejos de niebla de gris sangre
de soterráneas ráfagas de ratas de trasfiebre invadida
con su animal doliente cabellera de líbido
su satélite angora
y sus ramos de sombras y su aliento que entrecorre las algas del pulso de lo inmóvil
desde otra arena oscura y otro ahora en los huesos
mientras las piedras comen su moho de anestesia y los dedos se apagan y arrojan su ceniza
desde otra orilla prófuga y otras costas refluye a otro silencio
a otras huecas arterias
a otra grisura
refluye
y se desqueja.

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Enrique Molina

Amantes antípodas

Itinerarios

Tu cuerpo y el lazo de seda rústica que conduce a las plantaciones
de la costa
al sudor de tu cabellera quemada por las nubes
a los instantes inolvidables
-tantas mutaciones de nómada y de clandestinidad
tantos homenajes a una belleza salvaje
que exige el desorden-
¡oh raza de labios de abandono
hechizada por la vehemencia!
y nuestra fuerza de profundos besos y tormentas
para el infierno de los amantes
hasta volver a su placer fantasma
a su ola de hierro de ayer detrás del mundo!

Aquellos hoteles...
Todas las rampas de la vida cambiante
la velocidad del amor el mágico filtro de la excomunión
la hambrienta luz del desencuentro en nuestras venas de azote
cartas desamparadas antiguas prosas de la noche de los abrazos
y el solitario frenesí de las palmeras
cuando en la ausencia
creciendo hacia mi pecho el fondo de la tierra me devuelve de golpe
todas nuestras caricias
el nudo furioso de la pasión en las negras argollas del tiempo
aquellos moblajes de desvalijamiento y de lluvias
luz de senos en el mar y sus gaviotas y músicas
sobre un altar de desunión con grandes lunas fascinantes sin más
pradera que tus ojos
país incorruptible
país narcótico
con risas del alcohol del viento
y tu pelo sobre mi cara
y las cálidas bestias doradas por el trópico
y el jadeo abrasador de la ola que vuelca en tu corazón su grito
de espasmo y de caída
y de nuevo esos lugares intactos para el sol
y de nuevo esos cuerpos ilesos para el amor
en medio del perezoso meteoro del día
levantando hacia el alma aquel esplendor
los paroxismos el lecho de las dunas y de la corriente con sus besos
en marcha
y las tareas de los amantes mientras la llamarada de la muerte brillaba
alrededor de sus cuerpos
como un afrodisíaco
avivando el deseo
el hambre
¡aquella furia de ayer detrás del mundo!

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Poeta: Francisco Madariaga

Título: Tembladerales de oro

In memoriam Alfredo Martínez Howard

El dolor ha abierto sus puertas al agua de oro del oro que
arde contra el oro el oro de los ocultos tembladerales
que largan el aire de oro hacia los rojos destinos
pulmonares con el acuerdo de los fantasmas de oro
coronados por los juncos de oro bebiendo los
caballos de oro los troperos de oro envueltos en los
ponchos de oro -a veces negro a veces colorado
celeste verde- y el caballero que repasa las lagunas de
los oros naturalmente populares el que se embarca
en las balsas de oro con todos los excesos de
pasajeros de oro que manejan los caballos de oro con
los rebenques de oro bebiendo en la limetilla de oro
del barro de oro de los sueños de los frescos del
oro entre la majestad de las palmeras de oro y de los
ajusticiados y degollados en las isletas de oro bajo de
yacarés de oro del oro del Amor.

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Olga Orozco

No comiste del loto del olvido...

VI
No comiste del loto del olvido
-el homérico privilegio de los dioses-,
porque sabías ya que quien olvida se convierte en objeto
inanimado
-nada más que en resaca o en resto a la deriva-
al antojo del caprichoso mar de otras memorias.
Y así escarbaste un día en tu depósito de sombras
y volviste a anudar con tiernos ligamentos huesecitos dispersos,
tejidos enamorados del sabor de la lluvia,
vísceras dulces como colmenas sobrenaturales para la abeja reina,
dientes que fueron lobos en las estepas de la luna,
garras que fueron tigres en la profunda selva embalsamada.
Y lo envolviste todo en ese saco de carbón constelado
que arrojaste hacia aquí, como hacia un tren en marcha,
y que en algún lugar dejó un agujero por el que te aspiran
y al que debes volver.

De "Cantos a Berenice" 1920

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Joaquin Giannuzzi

La gallina

Mi ventana se abría hacia el jardín
como a una fresca prehistoria. Estaba allí
gallarda señora, de moteada pluma nerviosa
abultando el pecho hacia el sol, como un posible
lenguaje orgulloso: una gracia personal en un carácter,
paseando la certeza de la especie, picoteando
semillas, cáscaras, gusanos, regida
por la orientación instantánea de sus ojos.
Y de pronto una ráfaga fría paralizó
en un rápido pánico su ardiente cabeza:
y la noción del cambio
fue un oscuro dolor en su aterrado cerebro.
Entonces le transferí
los deseos de un universo estable
lo bastante iluminado para seguir comiendo:
un ritmo puntual que desmintiera
mi humillada respiración detrás del vidrio,
el triste conocimiento de la pérdida.

Joaquin Giannuzzi

Título: El diagnóstico

Podría jurar que el ojo del clínico
invadido por tanta certeza
penetraba con gozo la radiografía
de mis pulmones enturbiados en exposición
como a la vista de un Picasso
que revelara la pesadilla de una demolición.
En la placa traslúcida descifraba
la intención mortal de sus sombras, el código
de las manchas letales en mi propio destino,
una ciega perfidia en el tejido desordenado.
Como si recorriera el espacio
de una incongruencia artística
el clínico absorbía ante el negativo
una especie de perfección en la locura.
Y cuando volvió la cabeza, hacia rato
que yo estaba atrapado. Así que no tuve prisa
de leer en su ojo neutral, la conjura
que concluía su obra en mi naufragio
y en la madura fatalidad de mi osamenta.

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Ricardo Zelarrayán

LA OBSESIÓN DEL ESPACIO

Espacios

Un sueño de día

A Fernando Córdova

¡Hermenegildo!
¡Ordeñe che sargento!
Puta este Hermenegildo...
que es correntino.
(Pero, ¿por qué no se va corriendo hasta su Corrientes en patas...?)
Este Hermenegildo adora la noche,
porque el Hermenegildo es correntino
y cuatrero...
Al Hermenegildo le gusta la noche desplegada
y el día fruncido,
la noche tensa como una manzana lustrada,
como una manzana más negra que la noche reluciente...
Este Hermenegildo manzanero.
Pero ahora es de día,
de medio día...
El día lanzó puñados de cardenales
rojos y amarillos
sobre las cuchillas
(colinas, pa que entiendan los porteños)
cuchillas sin filo,
redondeadas,
pero a un pelo de la sangre...
Pero el Hermenegildo no está parado,
ni sentado,
ni acostado,
porque está dormido,
dormidito,
acurrucadito,
y parece que sueña
con el día.
(¿Pero por qué no se despierta si el día está aquí nomás?)
Pero el Hermenegildo de día sueña el día,
o sea que duerme...
Y hoy se durmió con la mona...
la mona del sueño.
Y hasta me parece que está soñando con el Super Día.
Pero ahora el que me habla es el Salustiano,
mientras el Hermenegildo duerme con la mona
y sueña con el sol,
con el sol que madura naranjas,
mientras la guitarra del Hermenegildo
duerme boca abajo sobre los yuyos.
Las hormigas se suben a las cuerdas
tratan de meterse en la boca
(de la guitarra)
pero la guitarra está boca abajo...
(¡Oreja! !ya lo dijiste!)
Hasta se me hace que las hormigas
buscan miel de la guitarra,
de la guitarra del Hermenegildo.
Una horquilla clavada en la tierra no se hace ilusiones sobre el futuro.
La tierra baila,
!siempre baila!
Hermenegildo sueña que rueda como un choclo
por la pendiente de una colina asoleada.
Una frutilla asciende lo más campante
por el revés de su vida.
"No me tires con cuchillo tírame con tenedor."
Yo estoy aquí
no como choclo.
La verdad es que me siento un marlo...
Porque esta Leocadia...!
Pero, ¿qué hacemos con el Hermenegildo?
me dice el Salustiano,
que le ha echado el ojo a la mujer del Hermenegildo,
de Hermenegildo el soñador,
el manzanero.
El ojo no es la hoja, le contesto.
Porque esta Leocadia me hizo venir
para que me vaya enseguida... .
Pero yo se la sigo a este Salustiano,
porque la Leocadia se me hace
que está pensando en cualquier cosa...
menos en mí.
Y a mí lo que me gustaría
no es la mujer del Hermenegildo
sino la hija...
que no vino
ni con el vino.
Y qué te parece...
(este Salustiano es seguidor).
La verdad es que al Hermenegildo
no me gustaría matarlo del todo.
Qué querés decir, le digo.
Oíme cara de yilé,
(me dice Salustiano).
Me gustaría cortarle un dedo al Hermenegildo,
al Hermenegildo dormido,
total un dedo pa qué le sirve.
Mejor te vas por ahí,
le digo yo,
a ver si te la encontrás a la mujer de él,
que por'ai se perdió entre las sandías
o andará virando entre los repollos...
y por‘ai,
quién te dice...
Pero ahora que me acuerdo
recién pasó el ómnibus desvencijado
con una maestra adentro
que me cabeceó.
¡Ay mi maestrita cabeceadora!
Pero...
¿Y la Leocadia?
¿Y la Delia?
Sí, pero estoy seguro que me cabeceó.
La verdad es que el Salustiano
me propone otra cosa.
Pero entre cortarle un dedo
(no sé cuál pero uno)
al Hermenegildo
y el amor de la maestrita que me cabeceó
hay la misma diferencia que entre la manzana y la naranja,
que entre la luna y el sol.
¡Pero si la maestrita vive ahí nomás!
¡ahí!
pasando el plantío de sandías y repollos exaltados.
Qué te cuesta y quién te dice, me digo.
Yo soy más bien partidario,
le digo ahora a Salustiano,
de cortarle la oreja derecha
o nada más que la parte de abajo,
por si la maestrita no me quiere
(¿o me quiere?).
Porque si se llama Margarita no sé qué hacer...
y me quedo sin amor
y sin oreja cortada de un saque
o con la misma cuchilla que cortaste la sandía
crujiente como el pan.
¡Sí!
¡La oreja me gusta más!
Pero...¿ y la maestra que me cabeceó,
desde el ómnibus desvencijado y cabeceador
en la pendiente de la cuchilla (colina)?
Sí, ¿pero en qué andará pensando la Leocadia,
con toda naturalidad?
No, seguro que no.
¿En qué quedamos?
La Leocadia,
la maestrita cabeceadora,
la oreja,
el dedo,
el pie,
del Hermenegildo cuatrero y manzanero,
según sugiere Salustiano,
o qué?

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Daniel Durand

Miel Danieles

(Trozo)

Por el ojo del choto
yo lo Veo todo roto:


Montado en paja
sobre un carro
se derraman con ardor briznas
del mejor té occidental.
Una costumbre antiquísima para hacer historia.
Para recomenzar.
Montado en montones de paja
ese carro me ha llevado hasta la puerta
de tu casa
todas las noches que lo quise.

La paja es una barroca mucho más :
sobre las gotas de guasca que dejé en el piso
vino a pegarse el polvillo que siempre da vueltas por la casa,
y sobre el polvo pegado el taco del sueco de Susana;
y bajo todo eso mi paja: otro fracaso tejido
en tus abrazos.

a repetir toda la idea:

primero, a arremangarme
el cuero que me sobra cuando la tengo muerta,
y expuesta la cabeza a esta brisa de Febrero
la voy a introducir en la boca del tintero.
Azul entonces la sopeso con la palma, la miro;
con trazo grueso van estas magnolias
rosadas por debajo pero duras.
Para vos va esta frenada:
caucho para tus narices
de provinciana emputecida,
Y para vos leproso canalla
no te dejo ni siquiera cuarta raya
y a la rima no la pulo
no me importa metétela en el culo.
A todos los pichones de Barulo
a toda la prole de Ferrari
a los que intentan un texto
para quedar adentro aunque sea
en el último puesto
puesto que tienen metida a toda su familia
dentro de la biblioteca:

mamá es maestra
papá trabaja en el correo
Pablo es taxista
Susana es panadera
mi abuelo tiene una fábrica de ladrillos
mi prima laura es puta
y mi madrina josefina se murió
mi tío chango es doctor y mi primo Mario cabo
en un regimiento de Trelew
mi tía Tota es una vieja hincha pelota

Seguimos:

otra totalidad en su frasco.

Daniel Mieles

(cuestión)

Todo lo veo roto
soy lo sano
el que rompo

-No!

Todo lo ves sano
sos fragmento
el roto.


(No supo que decir Segovia
cuando le preguntaron por sus ideas)

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Fabiasn Casas

Sin llaves y a oscuras

Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.


Una oportunidad

Caminás con las manos en los bolsillos,
por la rambla, rodeando el mar.
Te acordás de otro tiempo, aquí mismo,
estabas enfermo de la cabeza
y no podías sostenerte de pie,
con elegancia. Sin embargo,
pudiste salir.
Hubo una oportunidad en aquella época.
Ahora mirás el mar, pero no decís nada.
Ya se han dicho muchas cosas
sobre ese montón de agua.

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Sergio Raimondi

Limón solo

La luz oficial de neon
te amasija, Mati,
pero solo se agradece el elogio
de haber amado a la que dijo no.

( Escribiría:
la tuviste en sueños pibe, no es poco.
Pero eso es hacer poesía,
y ya sabemos...)

El que exige lo que no da esperanzas
Va al infierno, si.
Que queres que te diga.
Vamos a tomar un helado.


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se queman los ojos pero no se ven astros


se gasta la lámpara
sobre formulas y ecuaciones
cuando ya es la madrugada
y los chicos, borrachos, vuelven a los gritos
pateando tachos de basura.
El estudio, Tulio, te ha dado la noticia
de la regularidad falsa de las cosas
y la sospecha de reconocer, en el cielo de mañana,
un mapa de ruta, un diagnostico de vida
mas allá de nosotros,
una historia de lo que vendrá.
Pero cuando uno de los vagos
se hace el que canta Las estrellas, celosas,
nos miraran pasar,
vos, Tulio, tenes que admitir
que a la hora de comprender el mundo
no es mejor tu afán
que el de ese.


.......................................

Mariano Blatt

las cerezas

bajé a comprar
cervezas y cerezas
pero en el camino
me comí las cerezas
me tomé la cerveza
y ahora
como que me duele la cabeza.

entré en silencio
a lo mejor dormías
recostado en el sillón
desnudo
o apenas tapado.

pensé
que si entraba en silencio
no despertarías
entonces yo
mi dolor de cabeza escondería pero
para mi sorpresa
cuando entré no dormías no
cuando entré
me dolías.

miraste las bolsas
"acá no hay cerveza, no hay cerezas
y vos tenés cara
de que te duele la cabeza"
dijiste
parado desnudo
contra la cocina
donde cocinabas
jamón cocido.
te pedí disculpas
no me las diste
te pedí la hora
eran las nueve.
volviste a la cocina
desnudo
para ver cómo estaba
el jamón cocido para ver
qué pasaba
si no me hablabas.
me quedé en el cuarto
con bolsas vacías en las manos
la mirada perdida en la tele prendida
por plata alguien jugaba al fútbol.
desnudo
volviste de la cocina
me abrazaste
y me dijiste
"el jamón cocido
ya está".
en la boca
te di un besote pedí disculpas
no me las diste
te pedí la hora
eran las nueve
y diez. bajamos juntos
a comprar cerveza
a comprar cerezas.
yo me tomé la cerveza vos
te comiste las cerezas.
te pedí disculpas
no me las diste
te besé en la boca y mi beso tuvo
el sabor amargo de la cerveza
y el tuyo
el saber dulce de las cerezas.
.
.
.
cerrar la mano alrededor de tu tobillo

ah, tu capucha
y el espacio perfecto entre la nuca
donde descansa la mano
cuando enfríada busca
el refugio en tu capucha.
ah, ese espacio perfecto
o como quien dice la habitación
que se forma entre tu capucha y tu nuca
amueblada con el pelo que siempre
tanto más lindo es
si no está lavado.
ah, la voz se me quiebra
cuando mi mano recuerda
ese descanso perfecto
dentro de tu capucha.
ah sí, tu capucha.

una remera rosa
gastada y mangas cortas
en el pecho
la inscripción seven up
con su loguito
el cuello redondo
comido en exámenes, domingos
esperas, días de sol
cuando usaba esa remera
rosa de seven up
pero ahora sería casi
como usarte a vos
de nuevo y sabemos
a veces mejor
la botellita de sprite.

a veces creo
los beatles ya lo dijeron todo
pero entonces veo
a un chico con buzo de ramones
y sé los beatles
de eso no me hablaron

y él dice que si quiero
se rapa
pero no le queda bien

como ese chico
con la remera de ramones
que en el malba me daba la espalda
ni la hora

dijimos de hacernos remeras
y tirarnos en el suelo
un sábado a la tarde
cualquiera

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Contra los poetas,
Witold Gombrowicz
1951

Sería más razonable de mi parte no meterme en temas drásticos porque me encuentro en desventaja. Soy un forastero totalmente desconocido, carezco de autoridad y mi castellano es un niño de pocos años que apenas sabe hablar. No puedo hacer frases potentes, ni ágiles, ni distinguidas, ni finas, pero ¿quién sabe si esta dieta obligatoria no resultará buena para la salud? A veces me gustaría mandar a todos los escritores del mundo al extranjero, fuera de su propio idioma y fuera de todo ornamento y filigranas verbales, para comprobar qué quedará de ellos entonces. Cuando uno carece de medios para realizar un estudio sutil, bien enlazado verbalmente, sobre, por ejemplo, las rutas de la poesía moderna, empieza a meditar acerca de esas cosas de modo más sencillo, casi elemental y, a lo mejor, demasiado elemental.
No cabe duda de que la tesis de esta nota: que los versos no gustan a casi nadie y que el mundo de la poesía versificada es un mundo ficticio y falsificado, parecerá desesperadamente infantil; y, sin embargo, confieso que los versos no me gustan y hasta me aburren un poco. Lo interesante es que no soy un ignorante absoluto en cuestiones artísticas ni tampoco me falta la sensibilidad poética; y cuando la poesía aparece mezclada con otros elementos, más crudos y prosaicos, por ejemplo en los dramas de Shakespeare, en las obras de Dostoievski, de Pascal, o, sencillamente en el crepúsculo cotidiano,tiemblo como cualquier mortal. Lo que difícilmente aguanta mi naturaleza es el extracto farmacéutico y depurado de la poesía que se llama "poesía pura" y, sobre todo, cuando aparece versificada. Me cansa el canto monótono de esos versos, siempre elevado, me adormecen el ritmo y la rima, me extraña dentro del vocabulario poético cierta "pobreza dentro de la nobleza" (rosas, amor, noche, lirios), y a veces sospecho que todo ese modo de expresión y todo el grupo social que a él se dedica padecen de algún defecto básico.
Yo mismo creía al principio que esto se debía a una particular deficiencia de mi "sensibilidad poética" pero cada vez tomo menos en serio los slogans que abusan de nuestra credulidad. No hay cosa más instructiva que la experiencia y por eso empecé a realizar algunas muy curiosas: leía cualquier poema alterando intencionalmente su orden de tal suerte que se convertía en un absurdo y ninguno de mis oyentes (finos y cultos, por cierto y fervientes admiradores de aquel poeta) advertía la treta; o, analizando en forma detallada el texto de un poema más extenso, comprobaba con asombro que los "admiradores" ni siquiera lo habían leído completo. ¿Cómo puede ser esto entonces? ¿Admirarlo tanto y no leerlo? ¿Gozar tanto de la "precisión matemática" de las palabras y no percibir una fundamental alteración en el orden de la expresión? Pero lo que pasa es que todo este cúmulo de ficticios goces, admiraciones y deleites está basado sobre un convenio de mutua discreción: cuando alguien declara que le encanta la poesía de Valéry es mejor no acosarlo demasiado con indiscretas investigaciones, porque entonces se pondría en evidencia una realidad tan distinta de todo lo que nos imaginamos, y tan sarcástica, que nos sentiríamos sumamente molestos. El que deja por un momento las conversaciones del juego artístico, enseguida tropieza con un enorme montón de ficciones y falsificaciones, cual un escolástico escapado de los principios aristotélicos.
Me encontré, pues, cara a cara con el siguiente dilema: miles de hombres hacen versos; otros miles les demuestran gran admiración; grandes genios se expresan por medio del verso; desde tiempos inmemoriales el poeta y los versos son venerados; y frente a esa montaña de gloria -yo, con mi convicción de que la misa poética se efectúa en el vacío casi completo.
¡Valor, señores! En vez de huir de ese hecho expresamente, tratemos de buscar sus causas como si fuese un hecho como cualquier otro.



Poesía pura y azúcar puro

¿Por qué no me gusta la poesía pura? Por las mismas razones por las cuales no me gusta el azúcar "puro". El azúcar encanta cuando lo tomamos junto con el café, pero nadie se comería un plato de azúcar: sería ya demasiado. Es el exceso lo que cansa en la poesía: exceso de la poesía, exceso de palabras poéticas, exceso de metáforas, exceso de nobleza, exceso de depuración y de condensación que asemejan los versos a un producto químico.
¿Cómo hemos llegado a este grado de exceso? Cuando un hombre se expresa en forma natural, es decir en prosa, su habla abarca una gama infinita de elementos que reflejan su naturaleza entera; pero he aquí que vienen los poetas y proceden a eliminar gradualmente del habla humana todo elemento apoético, en vez de hablar empiezan a cantar y de hombres se convierten en bardos y vates, consagrándose única y exclusivamente al canto. Cuando un trabajo semejante de depuración y eliminación se mantiene durante siglos llégase a una síntesis tan perfecta que no quedan más que unas pocas notas y la monotonía tiene que invadir forzosamente el campo del mejor poeta. El estilo se deshumaniza; el poeta no toma como punto de partida la sensibilidad del hombre común sino la de otro poeta, una sensibilidad "profesional" y, entre los profesionales, se crea un lenguaje tan inaccesible como los otros dialectos técnicos; y, subiendo unos sobre los hombros de otros, forman una pirámide cuya punta ya se pierde en el cielo, mientras nosotros nos quedamos abajo algo confundidos. Pero lo más importante es que todos ellos se vuelven esclavos de su instrumento porque esa forma es ya tan rígida y precisa, sagrada y consagrada que deja de ser un medio de expresión: y podemos definir al poeta profesional como un ser que no se puede expresar a sí mismo porque tiene que expresar los versos.
Por más que se diga que el arte es una especie de clave, que el arte de la poesía consiste precisamente en lograr una infinidad de matices con pocos elementos, tales y parecidos argumentos no ocultarán el primordial fenómeno de que con la máquina del verbo poético ha ocurrido lo mismo que con todas las demás máquinas, pues en vez de servir a su dueño se ha convertido en un fin en sí; y, francamente, una reacción contra ese estado de cosas parece aún más justificada aquí que en otros campos porque aquí estamos en el terreno del humanismo "par excellence". Existen dos formas de humanismo básicas y diametralmente opuestas: una que podríamos llamar "religiosa" que coloca al hombre de rodillas ante la obra cultural de la humanidad y otra, laica, que trata de recuperar la soberanía del hombre frente a sus dioses y sus musas. El abuso de cualquiera de estas formas tiene que provocar una reacción y es cierto que una reacción así contra la poesía sería hoy totalmente justificada porque,de vez en cuando, hay que parar por un momento la producción cultural para ver si lo que producimos tiene todavía alguna vinculación con nosotros. Posiblemente los que han tenido la oportunidad de leer algún texto artístico mío se sentirán extrañados por lo que digo, ya que soy en apariencia un autor típicamente moderno, difícil, complicado y aun a veces -quien sabe- aburrido. Pero, téngase en cuenta que yo no aconsejo a nadie prescindir de la perfección ya alcanzada, sino que considero que esta perfección, este aristocrático hermetismo del arte deben ser compensados de algún modo y que, por ejemplo, cuanto más el artista es refinado, tanto más debe tomar en cuenta a los hombres menos refinados y cuanto más es idealista tanto más debe ser realista. Este equilibrio a base de compensaciones y antinomias es el fundamento de todo buen estilo, más, en los poemas no lo encontraremos, y tampoco se puede notar en la prosa moderna influenciada por el espíritu de la poesía. Libros como "La muerte de Virgilio", de Herman Broch o aun el celebrado "Ulises" de Joyce resultan imposibles de leer por ser demasiado "artísticos". Todo allí es perfecto, profundo, grandioso, elevado y, al mismo tiempo, nada nos interesa porque sus autores no lo han escrito para nosotros sino para el Dios del Arte.
Pero la poesía pura además de constituir un estilo hermético y unilateral, constituye también un mundo hermético. Y sus debilidades aparecen con más crudeza aún, cuando se contempla el mundo de los poetas en su aspecto social. Los poetas escriben para los poetas. Los poetas son los que rinden homenaje a su propio trabajo y todo este mundo se parece mucho a cualquier otro de los tantos y tantos mundos especializados y herméticos que dividen la sociedad contemporánea. Los ajedrecistas consideran el ajedrez como la cumbre de la creación humana, tienen sus jerarquías, hablan de Capablanca como los poetas hablan de Mallarmé y, mutuamente, se rinden todos los honores. Pero el ajedrez es un juego mientras que la poesía es algo más serio y lo que resulta simpático en los ajedrecistas, en los poetas es signo de una mezquindad imperdonable. La primera consecuencia del aislamiento social de los poetas es que en el mundo poético todo se hincha, y aún los creadores mediocres llegan a adquirir dimensiones apocalípticas y, por el mismo motivo, los problemas de poca monta cobran una trascendencia que asusta. Hace tiempo hubo entre los poetas una gran polémica sobre la famosa cuestión de las asonancias y parecía que la suerte del universo dependía del hecho de si es posible rimar "espesura" y "susurran". Es lo que sucede cuando el espíritu gremial domina al universal.
La segunda consecuencia es aún más desagradable: el poeta no sabe defenderse de sus enemigos. Y así vemos cómo en el terreno personal y social se pone en evidencia la misma estrechez de estilo que hemos mencionado más arriba. El estilo no es otra cosa sino una actitud espiritual frente al mundo, pero hay varios y el mundo de un zapatero o de un militar tiene poco que ver con el mundo de los versos: como los poetas viven entre ellos y entre ellos forman su estilo, eludiendo todo contacto con ambientes distintos, quedan dolorosamente indefensos frente a los que no comparten sus credos. Lo único que son capaces de hacer, cuando se ven atacados es afirmar que la poesía es un don de los dioses, indignarse contra el profano o lamentarse por la barbarie de nuestros tiempos lo que, por cierto, resulta bastante gratuito. El poeta se dirige sólo a aquel que ya está compenetrado con la poesía, es decir a uno que ya es poeta, pero esto es como si un cura endilgara su sermón a otro cura. ¡Cuánta más importancia tiene, sin embargo, para nuestra formación el enemigo que el amigo! Sólo frente al enemigo podemos verificar plenamente nuestra razón de ser y sólo él nos procura la clave de nuestros puntos débiles y nos pone el sello de la universalidad. ¿Por qué, entonces, los poetas huyen ante el choque salvador? Ah, porque carecen de medios, de actitud, de estilo para afrontarlo. ¿Y por qué les faltan estos medios? Ah, porque eluden el choque.




El vate y el ridículo

La más seria dificultad de orden personal y social que debe afrontar el poeta proviene de que él, considerándose superior como sacerdote de la poesía, se dirige a sus oyentes desde más arriba; pero los oyentes no siempre reconocen su derecho a la superioridad y no quieren oírlo desde abajo. Cuanto más aumenta el número de personas que ponen en duda el valor de los poemas y faltan el respeto al culto, tanto más delicada y cercana al ridículo se vuelve la actitud del vate. Mas, por otra parte, crece también el número de los poetas y a todos los excesos de la poesía ya enumerados hay que añadir el exceso de bardos y el exceso de versos.

Estas ultrademocráticas cifras minan desde el interior la aristocrática y orgullosa actitud del mundo de los poetas y nada más comprometedor, en ese Gombrowicz sentido, que cuando se los ve a todos reunidos, por ejemplo, en un congreso:una muchedumbre de seres excepcionales. Un artista que en verdad se preocupe por la forma buscaría alguna salida a este callejón, porque sin duda estos problemas en apariencia sólo personales están estrechamente vinculados con el arte y la voz del poeta no suena bien, ni puede ser seria y convincente mientras él mismo quede ridiculizado por tales contrastes.
Un artista creador y vital no vacilaría en cambiar totalmente de actitud y, por ejemplo, él desde abajo se dirigiría a la gente: como el que pide el favor de ser reconocido y aceptado o como el que canta pero al mismo tiempo sabe que aburre. Podría también proclamar públicamente esas antinomias y escribir sus versos sin estar satisfecho de ellos y anhelando ser cambiado y renovado por el choque regenerador con los demás hombres. Pero no es posible exigir tanto a los que dedican toda su energía a la "depuración" de su rima. Los poetas siguen agarrándose febrilmente a una autoridad que no tienen y embriagándose a sí mismos con la ilusión del poder. ¡Qué ilusos! De cada diez poemas uno por lo menos cantará el poder del Verbo y la elevada misión del Poeta lo que, justamente, demuestra que el Verbo y la Misión están en peligro... y los estudios o reseñas sobre poesía nos procuran una rara impresión: porque su inteligencia, sutileza y finura están en contraste con el tono que es a la vez ingenuo y pretencioso. Todavía no han comprendido los poetas que de la poesía no se puede hablar en tono poético y por eso sus revistas están llenas de poetizaciones sobre la poesía muy a menudo horripilantes por su estéril malabarismo verbal. A esos pecados mortales contra el estilo los lleva el temor que sienten ante la realidad y la necesidad de encontrar a toda costa una afirmación de su quebrantado prestigio.



Formas de la salvación

La ceguera voluntaria se nota también en ese simplismo tremendo en que caen hombres, por otra parte muy inteligentes, cuando se trata de su suerte. Muchos poetas pretenden salvarse de las dificultades expuestas más arriba declarando que ellos escriben sólo para sí mismos, para su propio goce estético aunque al mismo tiempo hacen lo posible por publicar sus obras. Otros buscan la salvación en el marxismo y afirman con toda seriedad que el pueblo es capaz de asimilar sus refinadísimos y difíciles poemas, productos de siglos de cultura. Ahora la mayoría de los poetas cree firmemente en la repercusión social de los versos y nos dirán extrañados: "Pero cómo puede usted dudar... Vea las muchedumbres que asisten a cada recital poético. ¡Cuántas ediciones se publican! Cuánto se escribe sobre la poesía y cuán admirados son los que conducen a los pueblos
por el camino de la Belleza."
No se les ocurre pensar que en un recital poético es casi imposible asimilar un verso (porque no basta escuchar un verso moderno una sola vez para entenderlo), que miles de libros se compran para no ser leídos nunca, que los que escriben en los periódicos sobre poesía son poetas y que los pueblos admiran sus poetas porque necesitan mitos. No se dan cuenta que si las escuelas no enseñasen a los niños el culto de los poetas en sus tristes y tan formales clases de idioma nacional y si este culto no se mantuviera todavía por inercia entre los adultos nadie, fuera de unos pocos aficionados, se interesaría en ellos. No quieren ver queja supuesta admiración por el canto versificado es en realidad el resultado de muchos factores como la tradición, la imitación y, aun otros como el sentimiento religioso o la afición deportiva (porque asistimos a un recital poético del mismo modo que a una misa -sin comprenderlo- y sólo cumpliendo un acto de presencia frente a un rito; y porque nos interesa la carrera de los poetas hacia la gloria así como nos interesan las carreras de caballos); no, ese complicado proceso de la reacción de las multitudes se reduce para ellos a la fórmula: "el verso encanta porque es bello..."
Que me disculpen los poetas. Yo no los ataco para molestarlos y gustoso tributaré homenaje a los altos valores personales de muchos de ellos; sin embargo ya se ha colmado el cáliz de sus pecados. Hay que abrir las ventanas de esta hermética casa y sacar sus habitantes al aire fresco, hay que sacudir la pesada, majestuosa y rígida forma que los abruma. Poco me importa que digáis pestes de mí y de mi nota. -¿Acaso puedo esperar que aceptéis un juicio que os quita la razón de ser?- Y, además, mis palabras están destinadas a la nueva generación. El mundo se vería en situación desesperada si cada año no entrase un nuevo contingente de seres humanos, frescos, libres del pasado, no comprometidos con nadie ni con nada, no paralizados por puestos, glorias, obligaciones y responsabilidades, seres, en fin, no definidos por lo que ya han hecho y por lo tanto, libres para elegir.

martes, 7 de junio de 2011

Encuentro con Nacho

El martes que viene tenemos encuentro/charla/concierto con Nacho Rodriguez.
Algunas facetas del inquieto músico:

Sus comienzos, con Doris:



Traductor/versionador: con el trío Caracoles, tradujo y versionó Escuadras, de Adriana Calcanhotto.



Compositor de himnos: aquí Mambeado con Onda vaga



Te quiero



Baila



Nacho cantante



en un rato mas data...